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Viejos sueños, nuevas esperanzas

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Viejos sueños, nuevas esperanzas

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50 aniversario Odin Teatret

El viaje

Una vez más, me preparo para viajar a Holstebro, la pequeña ciudad en el norte de la península de Jutlandia, Dinamarca, donde el Odin Teatret tiene su sede. En esta ocasión el motivo es diferente: la celebración de los 50 años de la creación del grupo.

Soy una de las más de 400 personas de todo el mundo que van a acudir a esta fiesta. De alguna forma siento que también esto forma parte de los cruces, lazos y puentes que estamos tendiendo con nuestro proyecto Crossing Stages.

Tanto es así que nada más llegar a la puerta de embarque en Madrid me encuentro con Marta, intérprete del laboratorio de danza, que viaja a Copenhague con su familia y hacemos el viaje juntas.

Después continúa el itinerario: Llegada a Copenhague, cuatro horas de tren que atraviesa el país conectando islas y península. Es siempre un momento especial el viaje en tren, mirando al horizonte se proyectan todas las imágenes de lo que se cree que va a ocurrir en los días venideros. El momento en el que anuncian la llegada a la estación de Holstebro siempre me produce sensaciones de nervios e inseguridad como si siempre fuese la primera vez. Quizás porque llegar al Odin es siempre un momento de reencuentro artístico y humano conmigo misma y eso a menudo asusta.

La llegada

Bajo del tren y en la misma estación ya hay un grupo de actores y músicos haciendo un pequeño sketch cómico con máscaras para recibir a los viajeros.

El único requisito que Eugenio Barba nos ha pedido a los invitados ha sido traer una botella de Champán Veuve Clicquot. Llego al teatro tengo que ir a entregar mi botella, a cambio me dan una carta de Eugenio en la que se dirige a nosotros, los invitados, como “el pueblo secreto del Odin” y nos explica en qué van a consistir los distintos rituales de celebración.

 

Teatret

Todo gira en torno al paso del tiempo en una trilogía, Measuring time a trilogy en tres grandes movimientos: pasado, presente y futuro.

Los intérpretes son los miembros del Odin Teatret acompañados por grupos de niños y jóvenes provenientes de Bali, Kenia y Brasil. El 22 de junio, día de la gran celebración, la jornada se inicia con lo que Barba ha titulado The future: If the grain of wheat does not die . Alrededor de mil personas en el parque de Holstebro se juntan para soplar las velas: un número 50 gigante que hay colocado en el centro del lago que termina ardiendo al final de la ceremonia.

Los actores del Odin Teatret trabajan con sus personajes de calle junto a niños de distintas nacionalidades. Las niñas danesas de la escuela de ballet se quitan sus tou tou para bailar junto a niños keniatas al son de tambores brasileños mientras los veteranos actores del Odin tocan instrumentos e interactúan con ellos.

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A las cuatro de la tarde llega la hora de la gran sorpresa: el pasado. Nos citan en el Odin Teatret y nos llevan a la parte de atrás donde en esa noche se ha construido una gran balsa de madera que funciona como escenario.

Los espectadores nos sentamos en una ladera que funciona como gradas y ahí asistimos al ritual de celebración de fertilidad y prosperidad de una comunidad del sur de la India. Después nos trasladamos de lugar a otra parte del jardín donde encontramos una gran montaña de arena que nos sorprende, hay también una gran barca de madra tapada por una lona.

Claro Enigma

Ha llegado la hora del comienzo de Claro Enigma el último espectáculo del Odin Teatret creado especialmente para ese día que no se repetirá jamás. Gran expectación. Empieza a subir la montaña Else Marie Laukvik, actriz fundadora del Odin Teatret desde sus inicios.

Lleva años sin formar parte de los montajes de grupo y entra cantando una canción de uno de los primeros espectáculos que yo sólo he visto en vídeo, en fotografías pero parece que el tiempo no ha pasado en ella. De pronto ocurre esa magia que siempre se da cuando se ve a los actores del Odin y es que uno se olvida de su edad actual y vuelve a ver a un joven de 20 años cantando, danzando y moviendo a los espectadores con potencia.

Poco a poco van entrando los demás, todos con sus pijamas del espectáculo El sueño de Andersen. Y así van desenterrando de la montaña vestuarios, objetos y escenas de 50 años de teatro.

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Muchos espectadores se emocionan bien porque pudieron ver esos espectáculos en su momento o porque, como yo, llevan años estudiándolos y ya forman parte de su imaginario. El recuerdo de Torgeir Wethal, actor fundador del Odin que murió en 2010 está por todas partes.

En un momento dado, Eugenio da una señal, todos corren y aparece una grúa que levanta un gran tablón de madera del suelo donde hay un gran foso.

Los actores corren de un lado para otro y empiezan a lanzar los vestuarios y objetos en el foso. Finalmente la grúa entierra todo con la arena de la montaña sobre la que ha ocurrido el espectáculo. Llegan algunos ayudantes y montan un columpio de madera. Todo esto ocurre en pocos minutos. Los niños que rondan por ahí se suben al columpio. El espectáculo ha terminado, se ha producido una muerte para generar nueva vida.

Volvemos los espectadores a la ladera donde nos habíamos sentado antes, los hindúes están acabando su ceremonia y los actores del Odin Teatret cada uno con un instrumento se introducen y se crea un canto y una danza común.

 Hay una gran conmoción generalizada.

La ceremonia de la mañana había comenzado con Kai Bredhold, actor-músico, subido en un gran caballo diciendo el texto de la canción cubana, Guantanamera. Repitió varias veces el fragmento:

Yo soy un hombre sincero de donde crecen las palmas, y antes de morir yo quiero cantar mis versos del alma.

Parece que estas eran palabras de Eugenio Barba hablando a través de sus actores que, llenos de vida, una vez más nos transportaron más allá de los límites del tiempo haciéndonos conscientes de la fuerza del presente.

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Paloma Zavala
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