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El trabajo diario

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El trabajo diario

El miércoles pasado iniciamos el JARDÍN DEL ACTOR, un momento semanal para poder buscar más allá de lo que la cotidianidad nos exige. Donde poder hacernos preguntas sin el miedo a no encontrar respuestas. Donde crecer juntos con la posibilidad de poder equivocarnos en el camino y con la certeza de que sólo a través del intento podemos llegar a un lugar nuevo.

Viendo trabajar a Josean, Sol, Bea, Pablo, Gema y Sergio reafirmaba la importancia de crear un lenguaje común para la creación. Es maravilloso ver que nuestras palabras se comprenden no sólo racionalmente si no a través del cuerpo, a través de las acciones específicas y concretas. ¿Estamos combatiendo la ambigüedad de las palabras?

Cada uno llevamos nuestros anhelos y deseos en relación al punto del camino en el que estamos: un poema de Bukowski, amuletos teatrales como una corona de flores o una cajita de música, la relación con un espacio o» la nada»….Pequeños disparadores para conquistar ese espacio infinito y abrumador que es el lienzo en blanco para el pintor, la hoja para el escritor y la sala de trabajo vacía para el actor.

En esta primera sesión leímos juntos este fragmento de Los trucos del actor del actor japonés Yoshi Oida (publicado en Alba Editorial) que me gustaría compartir y que no puede describir de manera más elocuente aquello que estamos buscando: la conexión con esa energía que fluye dentro del cuerpo del actor para que su presencia extracotidiana sea capaz de transformar el espacio y al que mira.

» Sea cual sea su origen, parece que todos los seres humanos tienen un tipo de energía interna especial, por ejemplo, algo como una gran hoguera que arde dentro del cuerpo. Pero, normalmente, esta energía está oculta y no es posible verla desde fuera. De alguna manera, nuestro cuerpo es como la Tierra.

Normalmente, el exterior de nuestro planeta está en calma y no cambia ante nuestros ojos, pero si observamos un volcán en erupción, de repente vemos cómo las llamas resquebrajan la corteza terrestre. El fuego, de hecho, ocupa todo el interior del plamneta y su extremo se encuentra a poca distancia por debajo de la superficie. Siempre está allí pero no lo vemos a nos ser que estemos cerca de un volcán.

«Sea cual sea su origen, parece que todos los seres humanos tienen un tipo de energía interna especial» (Yoshi Oida)

Actuando, si el actor encuentra una manera de conectar con este fuego que arde dentro de su cuerpo, el público puede compartir esta energía. Tenemos que ser como un volcán, capaces de permitir que nuestra energía haga erupción en el mundo. Este fuego interno está relacionado con la presencia del actor. Todos sabemos que cuando determinados actores están quietos, de pie, o simplemente andando por el escenario, sentimos una especie de presencia; queremos seguir observándolos.

Otros actores nos parecen lejanos y no nos despiertan el interés en lo que hacen o lo que dicen. Pero ¿por qué no todos los actores resultan fascinantes? No existe una respuesta concreta para esta pregunta, pero me he dado cuenta de que en muchos casos hay unos complejos y unos bloqueos determinados que provienen del control intelectual del actor y también de sus emociones ( tanto positivas como negativas). Esto impide que la energía emane del cuerpo. Por lo tanto, la siguiente pregunta será: ¿ cómo liberarse de estas barrera emocionales e intelectuales»

A partir de ahí Yoshi Oida comienza a elaborar un discurso en el que explica que es sólo a través de un entrenamiento específico ( no deporte o ejercicios de relajación) que el actor puede ser este volcán capaz de liberar esa energía.

Este planteamiento tengo por seguro que es cierto pero me lleva a pensar que es exactamente el mismo que tiene que llevar a cabo el ser humano en su trabajo vital. En el teatro hay unas reglas específicas pero en la vida hay otras. Vivimos constantemente dominados por una mente controladora y un juego de las emociones que nos dirigen por donde quieren, ponemos el piloto autómatico y permitimos perder la consciencia de saber quién somos realmente. Tal y como le pasa al actor en el entrenamiento o en el escanario cuando deja de tomar decisiones y se deja llevar por automatismos. Entiendo así algo tan elemental, tan básico, como que la clave es esa presencia: que no es un exceso de concentración tensa sino una apertura para ser y estar en el aquí y ahora.

Algo que parece tan difícil de conquistar tanto en la vida como en el trabajo del actor pero que sí vamos un poquito más allá de lo que la mente miedosa nos dice, con un poquito de fe y fuerza de voluntad nos damos cuenta de que sí hay una forma:

LA CREENCIA ABSOLUTA EN EL TRABAJO DIARIO

Paloma Zavala
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