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La irradiación

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La irradiación

Las últimas sesiones de entrenamiento las hemos dedicado a trabajar sobre la Irradiación, ese concepto que inventó Michael Chekov pero que inconscientemente o usando otros términos se utiliza en tantas metodologías de la técnica actoral.

 

Entendemos la irradiación como ese fenómeno que tiene lugar en el cuerpo del actor cuando reduce cualquier acción física hasta que solo se manifiesta de forma visible en sus ojos, en la columna, en las yemas de los dedos a veces; pero de manera invisible su energía continúa realizando la acción incluso con más potencia. Es algo que podemos percibir pero no ver, que podemos sentir pero no pensar;  que realmente está cambiando algo en la presencia de ese actor, en el espacio, en los otros actores y en su mundo interno de sensaciones que cuando salen hacia fuera se convierten en emociones.

 

La irradiación en la sesión de entrenamiento está en todo, desde el trabajo más corporal con las acciones físicas, donde es más claro de entender; pero también en el texto, en las palabras.
Si entendemos la palabra como acción entonces también podemos irradiarlas. En el trabajo con la palabra para mí la irradiación es eso que genera el impulso para decir lo siguiente; es el eco del pasado lo que genera el futuro.

 

Ayer estuvimos trabajando con monólogos de Shakespeare, buscando en un trabajo inicial, partir sólo del texto, descubriendo la dinámica que este nos traía tratando de no imponer las nuestras. El actor tiende a buscar una seguridad, un control, y es por ello que trata de agarrarse a aquello que siente que “sabe” hacer pero es desde la apertura total, desde el sentirnos un canal, un instrumento, cuando podemos dejar que la magia de la energía del texto nos movilice, nos haga reaccionar, nos lleve a necesitar hablarlo.

 

¿Y no es esto lo mismo que nos ocurre en la vida? Cuando tratamos de “hacer”, de controlar, de imponer nuestra idea mental sobre las cosas cerramos los canales para que ese fluir de todo nos mueva. En un cuerpo tenso y cerrado no puede tener lugar la irradiación, y cuando lo vemos en escena quieto o simplemente caminando por el espacio no llama nuestra atención más que unos minutos. Cuando todos los actores están “aquí y ahora” abiertos para reaccionar, dejarse empujar, por la irradiación del espacio, de los compañeros y los espectadores; él mismo está a su vez irradiando.

 

Es ahí cuando se produce un acto verdadero de transformación, algo que nos hace no salir del teatro de la misma manera que entramos.

Vivir es dejarse transformar. El teatro nos lo recuerda ofreciéndonos las herramientas necesarias para abrirnos y evolucionar.
Paloma Zavala
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